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Possession (1981)

Possession (1981)

Andrzej Żuławski.

Francia.

Un espía de la Alemania occidental regresa a su hogar después de una misión secreta a servicio del gobierno. Su esposa lo recibe dominada por una serie de comportamientos erráticos que, a posteriori, revelarán una infidelidad sostenida por una trama sobrenatural y cruda.

Possession

El amor y el odio separados por una minúscula, pero intimidante línea en medio del inmenso mapa de las emociones. Tan pequeña como un muro versus el resto del mundo.

La cinta nos relata el infierno que vive una pareja en quiebre, representado a través de diversos arquetipos y metáforas inquietantes.

Contextos, situaciones y personajes tejiendo diferentes capas narrativas que constantemente apuntan a la misma premisa: el camino más oscuro por el cual te puede llevar el amor.

Sabido es que Żuławski, director de la película, en ese entonces pasaba por una crisis matrimonial que concluyó finalmente en el divorcio. Es por esta razón que muchos consideran a Possession como el escenario ideal donde el cineasta polaco hizo catarsis de sus propios tormentos. No obstante, la película desborda en riqueza conceptual, y puede brindarnos mucho más si somos atentos a la hora de examinarla.

No es gratuito el hecho de encontrarnos, desde un inicio, con calles y espacios abiertos libres de público y tránsito vehicular. Reiteradamente, con esta composición, Żuławski nos sumerge dentro de una atmósfera lúgubre, desolada, y por sobretodo onírica. Por el contrario, los espacios cerrados se muestran llenos de información visual y exageradamente estrechos. Buscando elevar nuestro estrés a la par de las situaciones que acontecen en estos escenarios.

Es metáfora todo aquello que se desarrolla dentro de estos marcos surrealistas, insiste Żuławski conforme avanza el largometraje.

Analizando los elementos que contextualizan la trama, más allá del peso que pudiese tener el Muro de Berlín dentro de la vida personal de Żuławski, este representa, a su vez, la tensión y la separación afectiva existente en el matrimonio de nuestros protagonistas.

Asimismo, el contexto de la Guerra Fría se hace partícipe dentro de la historia —más que como un antecedente meramente político— como el antecedente de un Apocalipsis que, fiel a su rol metafórico, amenaza con estallar y arrasar con todo el mundo que Anna y Mark han construido hasta entonces, apenas las proyecciones idealizadas que ambos poseen del otro —una Anna ideal, y un Mark ideal— se enfrentan cara a cara.

Pues de eso trata Possession: de la agonía que significa, y el descontrol que nos posee ante la imposibilidad de consolidar nuestros ideales afectivos y carnales en la realidad, en un otro. Obligándonos a abortar nuestra fe (Faith), y quedarnos solo con nuestro azar (Chance).

En otras palabras, y aterrizando estos conceptos a la historia, tanto el personaje de Helen como el extraño ser que posee a Anna, son aquellas proyecciones del eterno femenino y el eterno masculino, respectivamente, que yacen en el subconsciente de nuestros protagonistas. Ambas figuras se presentan, ante Mark y Anna, como un esperanzador, pero a su vez, devastador escape a la monótona vida matrimonial que conllevan.

Este es un drama intenso y oscuro. Cargado de simbolismos y señales que hablan de la psiquis humana y su naturaleza que tiende a escapar de las estructuras puramente rígidas.

Importante destacar que Żuławski logra esta obra gracias al excepcional e impecable trabajo de Sam Neil e Isabelle Adjani. Elenco que cruza con éxito los, hasta entonces, límites de sus capacidades artísticas para brindarnos un espectáculo desgarrador, donde el amor y el odio no se cristalizan, ni juntos ni por separado.

Por Hallerjack.

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