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Rashomon (1950)

Rashomon (1950)

Akira Kurosawa

Japón.

Durante una torrencial tormenta en el Kioto del siglo XII, un leñador, un sacerdote y un forastero, se refugian bajo los vestigios del templo de Rashomon. Juntos discuten acerca del juicio a uno de los bandidos más temidos de la zona. Las versiones de cada uno de los testigos del crimen difieren entre sí, sembrando la duda de quién está diciendo la verdad.

Rashomon

La fe en la humanidad, la fe en el prójimo, la fe en nosotros mismos.

¿Somos malos por naturaleza? ¿O nacemos buenos, y el mundo junto al paraíso perdido nos corrompe?

Sin importar las horas, meses o vidas que dediquemos a responder estas interrogantes, siempre terminaremos por llegar al mismo punto. Abandonados en medio de una ruidosa tormenta de juicios e ideas, que no ceden ante nuestras ansias de escuchar nuestras propias reflexiones. Amparados, a duras penas, por los vestigios de lo que pudo ser un templo cargado de conceptos puros basados en la bondad, el amor, la empatía, la lealtad y el honor.

Rashomon es una película que nos invita, durante ochenta y tres minutos, a meditar acerca de la esperanza y respeto hacia nosotros. A tantear qué tan auténticos y fieles somos a los valores que proyectamos frente a nuestros pares, ante la sociedad, la familia, redes sociales, e incluso, ante posibles situaciones límite.

Una obra muy rica en símbolos y representaciones que pueden relacionarse tanto con nuestras inquietudes más personales, como con el mismísimo manejo de la verdad tras el fin de la Segunda Guerra Mundial.

La ficción —quizás no tanto— de un largometraje que tiene por conflicto la búsqueda de la versión más apegada a la realidad de los acontecimientos.

Entretejiendo diversas perspectivas argumentales, y orquestando una cadena de acontecimientos y giros in crescendo, Kurosawa nos introduce en una historia que pasea entre la tragedia, la ironía, la introspección y la fe. Una suma de elementos que, acompañados de una fotografía poética, simétrica y coherente, dan por resultado una experiencia absolutamente fascinante.

Por Hallerjack.

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